A esto le falta la guinda. No va a ser la que todos esperábamos, pero el hecho de jugar un año más la fase de ascenso a Segunda es sin duda un éxito. Independientemente de las exigencias que nos hayamos marcado cada uno, es importante y a la vez digno de mención que un club como la Ponferradina se mantenga, por quinto año consecutivo en la élite del fútbol español no tan modesto.
Y digo esto ahora porque siempre es recomendable volver la cara y mirar a un pasado no tan lejano. La mayoría de los que ahora animáis en el Toralín lo hicisteis alguna vez, quizá con no tanta insistencia, en Fuentesnuevas. La mayoría recordáis, aunque sea vagamente, la historia de las botellas de vino. No fue hace tanto. La mayoría vibrasteis de alguna manera cuando Fano marcaba aquellos penaltis que nos mantenían en Segunda B en el año 2000.
¡No hemos atravesado ni siquiera una nueva década! y, si la jugamos, será la cuarta promoción de ascenso a la que hay que sumar un año en Segunda División. No está mal para una ciudad que, aunque nos parezca la más grande y bonita del mundo, que sin duda lo es, una ciudad de la mano de una comarca entera, no podemos equipararnos a lugares con mucha más tradición de fútbol de élite. Y es que eso del nombre parece que sí tiene importancia. Fijaron en el Rayo Vallecano, hace unos días peleando con el Zamora por subir y ahora de nuevo en la rampa de Primera. Fijaros en el Cádiz. Os apuesto un chato en la calle Pregoneros a que asciende.
La tradición es importante y no se gana de la noche a la mañana. Es un trabajo de tiempo, pero se consigue, y la Deportiva va camino de ello, con buenas gestiones económicas y con demostraciones como la última en Lugo. No ya sobre el césped, uno que suele ver los partidos desde otras posiciones escucha comentarios y los del pasado fin de semana eran para reproducirlos. De verdad que se siente orgullo de los que se ponen la bufanda por encima de la cabeza y cantan. Así se hace un club grande, exigiendo, siempre dentro de un orden, pero sin bajar los brazos, sin caer en el derrotismo, sin liarse la manta a la cabeza pensando que somos la reencarnación del Madrid de los 60's.
Eso se llama ser consecuente, porque de lo contrario corres el riesgo de que te partan el pecho cuando dobles la primera esquina. Y me explico, o lo intento.
¿Dónde están los pitos ahora? Claro, a nadie de la grada le van a pedir explicaciones sobre las protestas de hace un mes. Y si así fuera, se podría responder: "¿Ves como ahora sí? Tuvimos que darles caña para que espabilaran".
Puede ser. Pero creo que el fútbol no va por esos derroteros y sí por los de la confianza. Y si no, que alguien me explique el caso Bornes.
De estar apartado, me atrevería a apostar de nuevo, de estar con un pie fuera de la Ponferradina, a ser titular, a marcar goles... La distancia entre ambas situaciones la marca solamente la confianza.
Cuando el club ratificó a Jesús Tartilán como entrenador no esperaba ninguna revolución táctica. Lo que no se ha hecho en verano difícilmente se puede hacer ahora. Sí sabía que el nuevo míster iba a sacar su libro de estilo, el del buen rollo, el de los manteos al cuerpo técnico, el de perdonar un par de series en los entrenamientos...
Os pregunto a los que habéis superado esa edad, ¿qué hacíais con 20 años? Algunos jugadores de la Ponferradina trabajan delante de 7.000 personas exponiéndose a la bronca. Debe ser complicado llevar eso cuando apenas has madurado como persona.
Me lo dijo hace unos días un amigo: "Yo voy al Toralín a animar a la Deportiva, el rival me da igual". Ese es el espíritu. La Ponferradina no está ni en Segunda B, ni en Segunda, ni en Primera. La Deportiva es la Deportiva.
Casi, casi, pero todavía falta un poquito, falta ese empujón que se da desde dentro y desde fuera del césped.
Algo largo, sí, pero es que hoy estaba inspirado y blanquiazul de pies a cabeza.

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