Por mucho que los sufridos redactores traten de "inventarse" la noticia, esta vez no. Esta vez el derbi no tiene mensajes cruzados, ni retos, ni bravatas, esta vez no. Por mucho que nos empeñemos, cuando uno no quiere, dos no pelean. Y el que, en este caso, no quiere saber nada de batallitas es la Deportiva que no oculta su estado de relax antes de acometer el gran objetivo de la temporada.
Y mira que para los morbosos pintaba bien hace diez días. Pero es que ni la guerra de los pasillos ha tenido la suficiente vida como para que el clásico del fútbol del Reino tenga esos alicientes que históricamente lo han acompañado.
No obstante, sí podemos analizar modelos de comportamiento, desde la objetiva quizá fingida, y sobretodo desde la distancia. Por un lado hay que felicitarse por la irrupción de un buen gestor, por lo menos de las formas. Desde la eterna sonrisa del bueno de Antonio García de Celis, desde su diplomacia y sus buenas palabras, no habíamos conocido un dirigente culturalista medianamente equilibrado. Y ahí está Carlos Emperador al que le acompaña incluso el apellido para ejercer de jefe y desautorizar al que se extralimita en sus funciones.
Está claro que, con precedentes como el del Barcelona con el Real Madrid y aquel pasillo histórico en el Bernabeu, don Yosu ha estado desafortunado. Es curioso como lleva días hablando de la Ponferradina, aparentemente sin preocuparse de, por ejemplo, ganar en Palencia, donde la Cultural podría haber solucionado su permanencia.
Ahora, sin llegarle la soga al cuello, la situación se torna por lo menos preocupante y en el Este de la provincia sí que hay tensión, necesidad y tormenta, la de siempre, en la que no falta un alcalde metido a entrenador, a presidente, a ambas cosas, o a ninguna.
Amén de gestiones económicas más o menos afortunadas, la clave está en la tranquilidad. Valga de consejo, que este año es así. Incluso apuesto por la derrota menos dolorosa de la historia para una Deportiva para que esta vez el derbi se queda pequeño.

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